Toledo es maravilloso y particular a partes iguales. Sorprendente todos los días por su belleza y por las curiosidades que descubro sin esforzarme mucho. Esto es sólo aplicable al Casco Histórico, claro. El resto es tan normalito como cualquier ciudad tirando a pequeña.
Curiosidades de hoy:
-He escuchado los cánticos de mis vecinas monjitas desde mi habitación.
-He encontrado una procesión pasando por mi puerta justo cuando salía a pasear a Ringo. Sí, y no es Semana Santa, y el Corpus pasó hace una semana, pero aquí procesionan a sus santos cuando les apetece.
-Ringo ha paseado, como todos los días, por una plaza cercana a casa, y allí me he enterado (porque había un grupo de turistas, con su correspondiente guía hablando por un megáfono) de que esa plaza antaño albergaba los jardines orgullo de un noble toledano, que, por haber sido desleal al rey, sufrió el castigo de que fueran cubiertos con sal y condenados a que nada floreciera en ellos. Un castigo bastante 'light' para la época, pero al hombre seguro que le dolió en el alma. De hecho, los poquitos árboles que tiene la plaza son bastantes jóvenes, así que igual es verdad y todo.
Y lo más marciano de lo que me ha ocurrido hoy:
-He visto a seis espadachines, vestidos como Becquer, con sus sombreros, capas y botas, batiéndose en singular duelo en la plaza de Santa Clara. No había turistas y no había cámaras, tan solo otro señor paseando a su perro, y yo. Igualmente sorprendidos los dos. Sólo lamento no haber llevado mi cámara.
Y luego hay quien se extraña de que me guste Toledo. ¡Es tan novelesco como yo!
Curiosidades de hoy:
-He escuchado los cánticos de mis vecinas monjitas desde mi habitación.
-He encontrado una procesión pasando por mi puerta justo cuando salía a pasear a Ringo. Sí, y no es Semana Santa, y el Corpus pasó hace una semana, pero aquí procesionan a sus santos cuando les apetece.
-Ringo ha paseado, como todos los días, por una plaza cercana a casa, y allí me he enterado (porque había un grupo de turistas, con su correspondiente guía hablando por un megáfono) de que esa plaza antaño albergaba los jardines orgullo de un noble toledano, que, por haber sido desleal al rey, sufrió el castigo de que fueran cubiertos con sal y condenados a que nada floreciera en ellos. Un castigo bastante 'light' para la época, pero al hombre seguro que le dolió en el alma. De hecho, los poquitos árboles que tiene la plaza son bastantes jóvenes, así que igual es verdad y todo.
Y lo más marciano de lo que me ha ocurrido hoy:
-He visto a seis espadachines, vestidos como Becquer, con sus sombreros, capas y botas, batiéndose en singular duelo en la plaza de Santa Clara. No había turistas y no había cámaras, tan solo otro señor paseando a su perro, y yo. Igualmente sorprendidos los dos. Sólo lamento no haber llevado mi cámara.
Y luego hay quien se extraña de que me guste Toledo. ¡Es tan novelesco como yo!
