Hoy voy a hablaros de algo que me encanta y que cultivo en secreto: el haiku.
La admiración por el haiku es una de las cosas que tengo en común con la niña del libro que me dejó Bego (por cierto, que me ha encantado). Comparto eso y una prodigiosa inteligencia (ejem!).
A lo que iba: el haiku consiste en un poema breve de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente, sin rima, y con temática libre, pero es predominante la descripción de escenas cotidianas y también de la naturaleza, el paso de las estaciones, etc. Es una forma de poesía tradicional japonesa.
Esta mañana, cuando venía a trabajar y era imposible que mi coche avanzara por las estrechas calles toledanas debido a la ingente afluencia de guiris de todos los tipos, colores y sabores, se me ha ocurrido uno:
En primavera
Florecen los turistas
En mi Toledo
No es gran cosa, ya lo sé…pero realmente es una cosa que hago por divertimento y relajación, y de una manera muy humorística, sobre todo cuando algo me sorprende y/o me cabrea. Aunque en realidad es un género serio y bellísimo.
Cuando vivía con el "Ficus maloliente", de infame memoria, compuse alguno que otro:
¡Gotas doradas!
En la tapa del váter,
no me sentaré
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Sobaca mora
Peste insoportable
Lávate, niño
Para deleite de Roberto, uno compuesto ayer mismo:
Grano horrible
Duraste dos semanas
Al fin no estás
A veces no hago muy bien lo de las sílabas…licencias literarias…
Ahora uno en serio, pero por supuesto no mío:
¡Ah, el mendigo!
El verano lo viste
de tierra y cielo
(Takarai Kikaku, traducido por Octavio Paz)
Desde aquí, os animo a mirar la vida de otra manera y a escribir haikus tontorrones. A mí, en estos momentos horribles, me distrae bastante…